Torrentina de Torrente, el brazo tonto de la ley.
Ayer, en el fragor de una reunión de trabajo, se escuchó esta frase: Aquí o follamos todos o la puta al río. ¡Qué bonito ejemplo del acervo popular! ¡Que excelsa expresión! ¡Cuánta belleza en tan poco espacio! En apenas nueve palabras se resumen tantas cosas… La democracia entera
Por un lado podemos ver en esta sentencia la Igualdad, la búsqueda de la justicia redistributiva. O todos participamos de la riqueza generada o se va a liar parda.
También es un sublime resumen de lo que representa la Libertad para el pueblo. O gobernamos todos o se rompe la baraja.
Finalmente, esta hermosa oración es una oda a la Fraternidad. O vamos todos juntos o nos vamos a tomar por culo.
En definitiva, este soberbio enunciado es el reflejo de las ansias de democracia que siempre han acompañado al pueblo español en su devenir histórico… por la parte de los cojones.
El cabestro que utilizó semejante locución es un universitario español con grandes responsabilidades dentro de una multinacional. Con este chimpún quiso dar por zanjada una discusión hasta ese momento bien argumentada. Y sospecho que esa es la razón. Cuando hay argumentos y estructura de por medio, el descerebrado medio español echa mano del chusco refranero patrio para buscar en él la justificación moral incontestable de una próxima decisión, cuyo verdadero fundamento es normalmente de origen genital o rectal.
La expresión con la que comienza esta entrada es el espejo de este país. Chusco, machista, violento y de poco pensar. Da igual el nivel socioeconómico o cultural. Torrentes hay en todas partes.
Lo malo es que, como casi todas las expresiones populares, estará sacada de una situación real. Pobres putas. Gensanta que país. Dremía que peña.
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